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La metáfora de la digitalidad en The Lunchbox

redes sociales, sociedad del cansancio Fotograma de The Lunchbox.

Hoy miré por primera vez la película india The Lunchbox (2013). Una frase me llamó la atención por su vigencia. Conecta directamente con lo que vivimos en la era digital e hiperconectada que nos empuja a «querer todo lo que tienen los demás». Ciertamente. Aunque no sea en un sentido literal, tenemos sueños y anhelos que se ven materializados en la vida ajena.

Eso me hizo remitirme a dos figuras del pensamiento contemporáneo. Carl Gustav Jung se refiere a aquellos deseos que proyectamos en otras personas; lo que no está en mí está en ti. Byung-Chul Han llama «sociedad del cansancio» a este síntoma de autoexplotación. Ya no necesitamos un jefe. Nosotros mismos ocupamos ese lugar.

Mientras avanzaba la película, hubo un momento que me dejó helado. Al minuto 58, de nuevo llega la lonchera vacía a manos de Ila. Ella ya no mira los restos de comida. Busca, casi con una ansiedad eléctrica, la carta de Saajan. Cuando la halla, el alivio es total. En ese instante comprendí que esa caja de metal es la metáfora perfecta de nuestra digitalidad.

Abrimos las redes sociales con esa misma urgencia buscando ese subidón de dopamina que nos dan las notificaciones, mentiroso quien lo niegue, verificando si un post recibió cierta dosis de aceptación o si ese «Like» llegó finalmente para llenar el vacío, entramos, salimos, scroleamos, compartimos.

La lonchera vacía de Ila es nuestro feed de Instagram. No importa que no haya alimento real. Necesitamos la señal de que alguien, al otro lado, nos reconoció. La validación se ha convertido en el único combustible que nos permite sobrevivir el día.

Mientras el repartidor presume con una seguridad que asusta que «hasta los de Harvard vinieron a estudiar nuestro sistema de delivery«, la vida se encarga de recordarnos que el error es el único camino hacia la conexión real. El sistema no falla, pero nosotros sí; y menos mal.

Tal vez un apagón nacional o una caída mundial de las redes sociales nos ayude a cumplir la fantasía de que este sistema se rompa para que, por fin, no nos quede más remedio que mirarnos a los ojos. Al final, lo que los demás «tienen» sólo es el reflejo de lo que nosotros olvidamos cultivar en nuestro propio jardín.


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