El incendio que consumió más que una casa  

La noche del 30 de noviembre de 2017, las llamas devoraron un pedazo de la historia hondureña. El fuego, furioso e imparable, iluminó las calles del centro de Tegucigalpa, devorando la Casa Ramón Rosa, un inmueble del siglo XVIII y hogar del ideólogo de la reforma liberal de 1876. A su lado, la Casa Calderón ardía con la misma intensidad. El calor era insoportable, las paredes crujían y los techos colapsaban en una danza trágica de brasas y escombros.

Tegucigalpa vio arder su propio pasado, y con él, la oportunidad de preservar la memoria de una nación. Pero la verdadera tragedia no fue el incendio, sino la indiferencia. Siete años después, la casa sigue en ruinas, y el Estado sigue sin actuar. Promesas de restauración se hicieron, fondos fueron aprobados, pero la Casa Ramón Rosa sigue en pie solo porque su estructura de adobe aún resiste.

Mientras tanto, la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño (FMHH), que tiene el inmueble en comodato, se ha negado a dejar que esta historia termine en cenizas. Con recursos propios y apoyo limitado de la empresa privada, han comenzado la titánica tarea de restaurarla. ¿Pero por qué un esfuerzo que debería ser liderado por el Estado depende únicamente de la iniciativa ciudadana?  

«No podíamos seguir esperando que el gobierno hiciera algo. Cada día que pasaba, la casa se deterioraba más. Decidimos actuar con lo que teníamos.» – Jorge Aguilar Paredes, presidente de la FMHH.  

Los fondos que nunca llegaron  

En 2018, tras la tragedia, se anunciaron soluciones. Bajo la presidencia de Jorge Carranza, la FMHH logró que el Congreso Nacional asignara L10 millones en 2021 y L10 millones en 2022 para la restauración de la Casa Ramón Rosa.

El dinero estaba allí. Era la oportunidad de revertir la tragedia.  

Pero la Secretaría de Cultura nunca resolvió el trámite administrativo necesario para ejecutar los fondos. No hubo voluntad, no hubo gestión, no hubo resultados. La Casa Ramón Rosa siguió abandonada, y el tiempo se encargó de hacer lo que el fuego no terminó: desmoronarla poco a poco.  

«En el presupuesto de 2021 y 2022 había L10 millones asignados para la restauración. Pero nunca pudimos hacer uso de esos fondos porque las autoridades de Cultura no resolvieron un problema técnico. Esos recursos se perdieron.» – Jorge Aguilar Paredes. 

Así, 20 millones de lempiras destinados a recuperar un monumento histórico se perdieron en la burocracia y la negligencia. En cualquier otro país, esto habría generado indignación. En Honduras, simplemente pasó al olvido.  

La resistencia de la Fundación  

En 2022, Jorge Aguilar Paredes asumió la presidencia de la FMHH y decidió que esperar más no era una opción. Si el Estado no lo hacía, ellos lo harían.  

Sin recursos estatales ni grandes donaciones, la fundación comenzó a trabajar con lo que tenía:  

Se limpiaron los escombros, con apoyo de la Alcaldía Municipal del Distrito Central.  

Se removieron árboles y maleza que amenazaban con colapsar los muros.  

Se estabilizaron las paredes de adobe y se protegieron contra la lluvia.  

– Se pintó la fachada sur sobre la Avenida Cervantes, para devolverle algo de su dignidad.  

«Es frustrante, pero también un reto. Sabemos que restaurar la casa será difícil sin ayuda del Estado, pero no vamos a detenernos. Este es un patrimonio que le pertenece a todos los hondureños.» – Jorge Aguilar Paredes.  



El avance es notable, pero no suficiente. Restaurar completamente la Casa Ramón Rosa y la Casa Calderón, para convertirlas en un museo de 1,600 m², requiere L30 millones.  

El Estado, que debería estar a la cabeza de este esfuerzo, sigue ausente.  

¿Por qué Honduras destruye su propia historia?  

La FMHH ha buscado soluciones alternativas:  

Expoventas de arte, donde los artistas donan hasta un 50 % de sus ventas para la restauración.  

El proyecto “Ave Fénix”, en conjunto con la Galería Nacional de Arte (pronto se revelarán detalles).  

Alquiler de espacios del futuro museo para generar fondos sostenibles.

Pero la pregunta sigue en el aire: ¿por qué la cultura en Honduras depende de la iniciativa privada y no del compromiso público?  

«Hemos tocado puertas en el sector privado y con artistas que quieren ayudar. Pero la restauración de un patrimonio nacional no debería depender únicamente de la sociedad civil.» – Jorge Aguilar Paredes.  

Mientras en otros países se invierte en preservar el patrimonio, en Honduras se le deja morir lentamente. El problema no es la falta de recursos, sino la falta de interés.  

Una comparación dolorosa  

Para dimensionar la injusticia, comparemos:  

En 2023, el gobierno destinó L200 millones para remodelar estadios de fútbol.  

– Para 2025, el presupuesto para las secretarías de Seguridad y Defensa asciende a más de L22 mil millones. ¿Y los resultados?

– La Casa Ramón Rosa necesita apenas L30 millones para su restauración.  

El país gasta más en cemento para estadios que en conservar su propia memoria. ¿Qué dice esto sobre nuestras prioridades?  

La FMHH ha restaurado más de 500 obras del patrimonio cultural hondureño. El Escudo de Trujillo, símbolo histórico, fue recientemente restaurado y será entregado oficialmente el 17 de mayo, en el marco de los 500 años de fundación de ese municipio. Mientras el Estado ignora su historia, la sociedad civil lucha por mantenerla viva.  

La importancia de la Casa Ramón Rosa  

Más que una casa, este inmueble es un testigo de la historia hondureña.  

Aquí vivió Ramón Rosa, una de las mentes más influyentes de la reforma liberal.  

– Fue sede de la Corte Suprema de Justicia.  

– Es parte del Centro Histórico de Tegucigalpa, una zona que debería protegerse y potenciarse.  


La Casa Ramón Rosa en 1889, cuando albergaba los Tribunales de Justicia. Hoy, esta joya histórica yace en ruinas, esperando ser rescatada. FOTO: Juan T. Aguirre, 1889 / The Latin American Library.

Si se restaurara, se convertiría en un museo moderno e interactivo, un centro de arte y cultura. Ya existen planos para su recuperación, solo falta lo esencial: voluntad política y financiamiento.  

«Restaurar la Casa Ramón Rosa no es solo recuperar una estructura antigua. Es darle a Honduras un espacio para la memoria, la cultura y la identidad nacional.» – Jorge Aguilar Paredes.  

¿Vamos a seguir permitiendo esto?  

Cada año que pasa sin restaurar la Casa Ramón Rosa es un año en el que Honduras entierra un poco más su historia. No es solo una cuestión de restauración arquitectónica; es un tema de identidad nacional.  

Los países que respetan su historia, la conservan. Los que la ignoran, la destruyen.  

La pregunta es: ¿qué tipo de país queremos ser?

Cómo ayudar a restaurar la Casa Ramón Rosa

Si esta historia te ha conmovido y crees en la importancia de preservar nuestro patrimonio histórico, puedes contribuir a la restauración de la Casa Ramón Rosa realizando una donación a la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño (FMHH).

Los aportes se pueden hacer a las siguientes cuentas bancarias:

Bac Credomatic
Cuenta de ahorro en lempiras: 730191971

Banco Atlántida
Cuenta de ahorro en lempiras: 1100024387

Ambas cuentas están a nombre de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño.

Cada donación, por pequeña que sea, acerca un paso más la posibilidad de devolverle la vida a este espacio que alguna vez fue símbolo de la cultura, la justicia y la identidad nacional. No dejemos que la historia se pierda en el olvido.


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