El centro histórico de Ojojona, cuna de la platería y joya colonial de Honduras, vive una disputa que trasciende lo local. En el costado norte de su icónica Iglesia Parroquial, considerada Monumento Nacional, se levantó, casi en secreto, un quiosco turístico de cemento, metal y vidrio.
No es solo un problema estético, sino de poder: la estructura, impulsada por la Alcaldía Municipal y el Ministerio de Turismo, es el símbolo de cómo las prioridades políticas pueden pisotear, impunemente, el marco legal diseñado para proteger nuestro pasado. Este quiosco es una afrenta que expone la fragilidad de la legislación patrimonial hondureña.
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La arrogancia frente a la historia
La controversia estalló cuando la comunidad observó la repentina intervención sobre un área verde colindante con el templo, un espacio que, por tradición, se integra a la plaza central y a la vista monumental de la iglesia.
Los vecinos, el patronato y la sociedad civil reaccionaron de inmediato. Entendieron que destruir el contexto verde es tan grave como dañar el templo mismo. “Nos han quitado un poco de área verde al costado izquierdo del templo,” es la queja más sentida, que revela la pérdida de un espacio comunitario insustituible.
La denuncia escaló hasta el propio Despacho Municipal. Según los denunciantes, el alcalde se habría comprometido verbalmente a detener o reubicar la obra. Sin embargo, la promesa se desvaneció. “El alcalde dijo que sí, ¡pero ya está terminado!”
La frustración se convirtió entonces en la última herramienta que le queda a la ciudadanía: la denuncia formal ante el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).
Un reglamento hecho papel mojado
La principal alarma es legal. El IHAH, autoridad máxima en la materia, tiene la potestad exclusiva sobre cualquier intervención en el entorno del templo.
La construcción del quiosco viola directamente el “Reglamento para la Preservación del Centro Histórico de San Juan de Ojojona” (publicado en La Gaceta en 2014), un documento legal local y específico que la municipalidad estaba obligada a cumplir.
Los siguientes artículos demuestran que la obra es de ejecución ilegal:
- Violación por Falta de Autorización (Artículo 283): Este artículo es categórico al exigir la “autorización del Instituto Hondureño de Antropología e Historia” para cualquier intervención en espacios públicos del Centro Histórico. El hecho de que la construcción se terminara pese a las protestas y notas al IHAH es el indicio más claro de que este requisito fue obviado.
- Violación al Contexto (Artículo 156): El Reglamento requiere autorización sobre “cualquier obra de intervención en el espacio público” del Centro Histórico y su Zona de Amortiguamiento. Al construir una estructura permanente que consume área verde en el entorno directo del templo, las autoridades ejecutaron una intervención no autorizada que mutila el valor histórico y ambiental de la plaza.
- Restricción de Diseño (Artículo 21): Si bien permite quioscos, exige que sean estructuras “arquitectónicas abiertas” con “características armoniosas que se integren con el carácter tradicional”. Un quiosco permanente y discordante que destruye espacio verde contraviene esta obligación de integración.
El espejismo del desarrollo
El conflicto del quiosco en Ojojona es una oportunidad para la desmitificación histórica. Esta pequeña obra revela que, a menudo, la “promoción turística” se convierte en la excusa perfecta para ignorar la ley y los valores colectivos. La prisa por terminar el proyecto y la omisión del debido proceso legal reflejan que las prioridades políticas de corto plazo se valoran más que la preservación de un legado de siglos.
La ciudadanía de Ojojona exige el cumplimiento de la ley. El quiosco, ahora terminado, se ha convertido en una marca de la indolencia. La verdadera propuesta cultural es que el IHAH ordene la remoción de la estructura y la restauración del área verde, demostrando que en Honduras, la historia y la ley están por encima de cualquier interés pasajero.