Contenido
- Introducción
- ¿Quiénes son dignos de amor?
- ¿Qué es el amor según Erich Fromm?
- ¿Debemos aprender a estar solos antes de merecer amor?
- El poder sanador del amor
- El amor no tiene condiciones previas
- El “aprender a estar solos”, sin malinterpretarlo
- Palabras de cierre
- Nota al pie
- Bibliografía
- Acerca del autor
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Introducción
A petición de mi psicóloga, recientemente terminé de leer el libro El arte de amar, del psicoanalista alemán Erich Fromm. Días antes, la terapeuta profesional me había comentado de forma incisiva que no estoy preparado para estar en una relación, que debo aprender a estar solo primero. Y aunque en un principio me rehusé a aceptar esta idea, luego admití que tenía mucho sentido: ¿cómo voy a amar a alguien si no he construido la versión de mí con la que me sienta en paz y que pueda compartir con ese alguien que lo merezca?1
Irónicamente, en el pasado reciente le dije algo similar a una persona que amaba; que quizá ella no estaba preparada para una relación, lo que semánticamente fue como expresar que yo creía que ella no estaba preparada para amar o para recibir amor. Demás está expresar que me equivoqué al comentarlo —tanto como creo que lo hizo mi psicóloga al decírmelo a mí (y que ella me perdone por discreparla)—, en realidad sostengo que todos merecemos amor, sin importar si creemos “estar preparados” para él o no.
¿Quiénes son dignos de amor?
Independientemente de nuestro estado emocional —por ejemplo, si nos sentimos rotos o insuficientes, si estamos en proceso de sanación, si creemos que no tenemos tiempo para “eso” y hay otros asuntos de mayor apremio, si estamos yendo a terapia o nos rehusamos, o bien, si llevamos tiempo buscándolo sin suerte—, de igual manera somos dignos de amor.
El problema de afirmar que debemos estar lo suficientemente “preparados” antes de merecer amor es que esto puede conducirnos a un bloqueo emocional, en donde neguemos la posibilidad de dar o recibir amor, por la errada creencia de que no somos dignos de él (ya sea decir “dignos en absoluto” o “dignos todavía”).
¿Qué es el amor según Erich Fromm?
Para comprender más claramente la idea de que todos merecemos amor, antes es necesario entender la forma en que Erich Fromm lo conceptualiza. Así, en su libro El arte de amar, el psicoanalista desarrolla la tesis de que el amor es la respuesta al problema de la existencia humana, pues representa el antídoto directo contra la inherente soledad del ser (el psicoanalista utiliza el término “separatidad”). De ahí el hecho de que estemos tan sedientos de amor que veamos innumerables películas y escuchemos centenares de canciones cuyo motivo principal es la experiencia amorosa, todo a fin de “abandonar la prisión de la soledad”.
Si tenemos esto en cuenta, es fácil entender la tragedia que representa cerrarse al amor, es decir, el bloquearse a la posibilidad de conectar emocionalmente con otras personas.
¿Debemos aprender a estar solos antes de merecer amor?
Alguien podría volver a objetarme, no sin cierta razón, que igual hay que aprender a estar solos para poder amar y que incluso el propio Fromm llegó a afirmar que “paradójicamente, la capacidad de estar solo es la condición indispensable para la capacidad de amar”.
Sin embargo, esa idea se tiene que entender en su contexto: claro que sí es necesario saber estar solo, pero un “estar solo” no como un aislarse y levantar muros de desinterés y miedo, sino entendido como el estado en el que aprendemos a reconciliarnos con nosotros mismos, para lo cual de hecho el propio Fromm comenta que el amor es condición adyacente.
Para poner un ejemplo que lo aclare, siguiendo una idea de su compatriota Karl Marx, Fromm dice que el amor —en cuanto es amor— produce amor y, por lo tanto, “si me permito ser amado, ese amor producirá —en mi— amor hacia la persona que me ama y amor hacia a mí mismo”. De hecho, en algún momento, Fromm afirma: “en ti me amo también a mí mismo”. Todo ello nos recuerda la paradójica capacidad del amor de multiplicarse al compartirse.
El poder sanador del amor
Lo anterior se conecta con una idea que expresé en otra publicación, donde mencioné brevemente las palabras del psiquiatra Bessel van der Kolk, quien afirma que sentir que alguien nos sostiene en su mente y en su corazón es una poderosa protección contra situaciones adversas.
Entonces, dado su profundo potencial sanador, podemos afirmar que el amor puede ser ese elemento que nos ayude a reconstruir esas partes de nosotros que creemos que están rotas.
Y, por lo tanto, no es necesario —ni recomendable, considero yo— “esperar a estar sanos” para abrirnos al amor; al contrario, abrirnos al amor puede ser un poderoso coadyuvante para sanar.
El amor no tiene condiciones previas
Precisamente por su capacidad sanadora, el amor no se puede reducir a un bien de intercambio que se obtiene si damos algo a cambio. Quiero decir, si nos quedamos con la idea de que debemos primero estar “preparados” para el amor antes de merecerlo realmente, corremos el riesgo de creer que el amor solo lo mereceremos en la medida en que “aportamos” cierto valor a los demás, o bien, que solo podemos ser amados en tanto que proveemos algo (llámese dinero, estatus, sexo, juventud, etc.).
No obstante, el amor no implica un acto de transacción o algo que se deba condicionar a la presencia de determinados elementos o características, sino —como bien explica Fromm— es más bien un hacer que nos sostiene como raza humana y una finalidad cuyos pilares son la responsabilidad, el cuidado, el respeto y el conocimiento del otro (acciones que, por cierto, se manifiestan espontáneamente y sin mayor esfuerzo al haber amor).
El “aprender a estar solos”, sin malinterpretarlo
Si bien es cierto que no es apropiado establecer vínculos románticos desordenada y apresuradamente, los cuales estén basados en una intensa atracción física o desde el miedo a sentirnos solos, también debemos cuidarnos de no tergiversar el argumento de “aprender a estar solos antes de aprender amar”.
Como ya vimos, esta idea no solo nos podría privar de vivir una de las experiencias más profundas y llenas de sentido que la existencia nos permite, sino también puede conllevar a una mala interpretación del amor como una transacción de valores y, lo que es más, ralentizar algunos procesos de sanación de heridas emocionales o de la constitución de una versión óptima de nosotros mismos.
Palabras de cierre
Ahora bien, sin ánimo de ser contradictorio conmigo mismo, diré que tampoco nadie puede decirnos exactamente cuándo es el momento adecuado para abrirnos al amor. Ya decía Fromm que no hay actividad que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo.
Sin embargo, yo habría de insistir a quien sea que no por miedo al fracaso del amor debemos privarnos de él. Pues ¿quién puede decirnos la forma correcta de amar sino la experiencia?
Todos merecemos amor. Incluso aunque otros nos digan —o nosotros mismos lleguemos a convencernos erróneamente— que no estamos preparados y, por tanto, no sabemos cómo hacerlo. Y aún con las salvedades que puedan objetarse, me parece que la correcta forma de aprender cómo amar es amando; intentado, fallando y volviendo a intentar de mejor manera nuevamente.
Nota al pie
- No es que tontamente yo confunda construir un vínculo romántico (el “estar en una relación”) con lo que con mucha certeza Erich Fromm llama “arte de amar”. No es mi intención parecer tan naïve. Sin embargo, utilizo aquí ambos conceptos indistintamente por razones prácticas, para que se entienda lo que trato de decir, y porque, a mí me lo parece, nadie inicia un cortejo romántico sin esperar que, tarde o temprano, ello se transforme en vínculo amoroso. ↩︎
Bibliografía
Fromm, E. (s.f.). El arte de amar. Lectulandia.
Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Editorial Leftheria.
Acerca del autor
Víctor Alexander Matute (Yoro, 1996)
Es estudiante de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y ha colaborado con la Revista Cultural Bucentauro en la rama del periodismo, gestión y difusión cultural, crítica literaria y literatura breve.