A 24 días de las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, el Partido Liberal navega en aguas turbulentas. La exclusión de Jorge Cálix de la papeleta de diputados por Olancho ha desatado una crisis interna que amenaza con fracturar la unidad opositora y beneficiar al oficialismo de Libre. Los liberales deben cerrar filas y silenciar el ruido interno si no quieren pagar un alto precio en las urnas.
El conflicto arrancó el 8 de octubre, cuando el CNE rechazó por unanimidad la inscripción de Cálix. El motivo: violó el artículo 115 de la Ley Electoral al participar en primarias como precandidato liberal en el mismo período. El TJE contraatacó a fines de octubre, ordenando por mayoría su inclusión en la casilla 22 de Olancho, un bastión liberal donde Cálix arrastra más de 200 mil votos desde las internas de marzo.
El 5 de noviembre, la consejera presidente del CNE, Ana Paola Hall, declaró “inaplicable” esa orden del TJE. Su argumento: un antejuicio por prevaricato contra los magistrados Mario Flores y Miriam Barahona, impulsado por el Ministerio Público, debilita la resolución. Acatarla, dijo Hall, sería “prevaricato administrativo”. Horas después, Cálix respondió en una conferencia: “Ana Paola Hall ha decidido seguir la línea de Marlon Ochoa. Es una decisión personal que no comparto”. Aceptó su salida –con Samuel García como reemplazo– pero lanzó el lema “votar por Samuel es votar por mí” para retener su base.
El 6 de noviembre, Hall subió la apuesta con un comunicado en X: “Magistrados de un Tribunal en tela de juicio e inestabilidad institucional. Ni el interés político personal que embroca a otros a transgredir la Ley –ni los mismos que la violan– van a ir a sacarles las castañas del fuego a los procesados. El interés del país está por encima de lo personal. ¡Honduras es primero!”. No nombra a Cálix, pero el timing es claro: una réplica directa a sus acusaciones del día anterior.
Salvador Nasralla, candidato presidencial, opta por la contención. El 5 de noviembre dijo a medios: “No pierdo nada” con la salida de Cálix, quien “trabajará conmigo en el gobierno” en áreas clave. Evita confrontar a Hall y la elogia por su apego a la ley, un guiño pragmático para no avivar el fuego.
El costo político es real. Encuestas recientes muestran una carrera cerrada, pero con Nasralla dominando: promedios de Le Vote y Demoscopia lo ponen en 28-31 %, seguido por Asfura (24-28 %) y dejando a Moncada a la cola con 15-19 %. Olancho es clave: si los seguidores de Cálix se abstienen o votan en blanco, el PLH pierde terreno. Libre capitaliza el caos sin ensuciarse, mientras la OEA y la UE observan con lupa.
Hall encarna la legalidad por encima del partido; Cálix, la rebeldía popular. Nasralla necesita un mensaje unificado: integrar a Cálix visiblemente y respaldar a Hall sin ambigüedad. Si el ruido persiste, la división se cobra en votos. En Honduras, donde la abstención ronda el 50 %, quien se divide pierde. El 30 de noviembre no hay excusas: solo resultados.
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