Phil Connors se despierta todos los días a las seis de la mañana. Suena la misma canción en la radio. Hace el mismo frío. Suceden las mismas desgracias. En la película Hechizo del tiempo, el protagonista está atrapado en un bucle infinito. No importa lo que haga, el mañana no llega. Mañana sigue siendo hoy.
Honduras se siente hoy como esa película.
Estamos atrapados en un eterno domingo por la tarde. Es esa sensación de pesadez, de ansiedad por un lunes que no termina de arrancar. Miramos el reloj, pero las manecillas parecen congeladas. Hay ruido, hay noticias, hay comparecencias de prensa, pero no hay avance. Hay, sobre todo, una espera interminable.
La parálisis del bucle
El problema de vivir en un bucle es que la voluntad se agota. El domingo electoral no terminó ese domingo 30 de noviembre. Se extendió. Se volvió lunes, se volvió martes, y aquí seguimos: esperando que el sistema funcione, que los datos aparezcan, que la incertidumbre se disipe.
Vivir en el «mientras tanto» es agotador. No es sólo un problema técnico del CNE o una debilidad del Estado. Es un problema emocional para el ciudadano. En Honduras, hemos aprendido a suspender la vida. No planeamos a largo plazo porque no sabemos en qué país amaneceremos mañana.
Esa es la verdadera fragilidad. Un Estado que no ofrece certezas obliga a su gente a vivir en modo supervivencia. El futuro se vuelve un lujo que no nos podemos permitir.
El país de las grietas
Ericka Cerdas explicaba recientemente que no somos un Estado fallido, sino uno frágil. Esa fragilidad es la grieta por donde se escapa nuestra energía.
Cuando las instituciones fallan, el ciudadano se retrae. Nos volvemos cínicos. Decimos: «es lo mismo de siempre». Pero esa frase es peligrosa. Es la señal de que el bucle nos ha vencido. El «eterno domingo» nos convence de que el esfuerzo no vale la pena porque el resultado ya está escrito por la ineficiencia de otros.
La incertidumbre es una forma de control. Un pueblo que espera es un pueblo que no propone. Un ciudadano cansado de escuchar lo mismo es un ciudadano que termina apagando la mente.
Romper el hechizo
¿Cómo salimos de la película? Phil Connors sólo escapó del bucle cuando dejó de intentar manipular el sistema y empezó a mejorar su entorno inmediato. Dejó de ser una víctima del tiempo para ser un actor en su realidad.
Para nosotros, romper el eterno domingo implica dejar de ser espectadores pasivos de la crisis. Si el Estado es lento, la cultura debe ser rápida. Si las instituciones son grises, el pensamiento debe ser lúcido.
Honduras no puede permitirse otro día de la marmota. No podemos seguir despertando con la misma canción de incertidumbre cada cuatro años. La fragilidad no es una condena, es un diagnóstico. Y los diagnósticos sirven para buscar la cura.
El lunes tiene que llegar. Y tiene que encontrarnos despiertos.
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