Ojojona se yergue por encima de los demás pueblos de la región, inclusive sobre Tegucigalpa, al elaborar sendas estructuras para quemar el 31 de diciembre llegada la medianoche. Los monigotes de Ojojona representan el principal atractivo en esta fecha.

Por un lado, esta tradición tiene su germen a mediados de los ochenta cuando un grupo de amigos del barrio La Pesa emprendió lo que hoy se ha difundido por seis de los quince barrios de la cabecera municipal. Por otro, es notable la dedicación y creatividad invertidas en cada una de las figuras.

En este punto, es forzoso aclarar que los tradicionales nombres de “año viejo”, o el despectivo de “pichingo” no encajan con las estructuras delirantes y temerarias que se construyen en la periferia de Ojojona. Los mismos constructores se encargaron de retorcerlos, caricaturizarlos y hacerlos arder de una vez por todas.

Si hablamos de creatividad, estos varones reciclan todo lo susceptible de usarse. Si bien madera, clavos, suyate, periódico, zacate y almidón, entre otros, forman parte de los insumos empleados, hay quienes incorporan piezas de barro, harina, esponja y hasta cartones de huevos. Todo es útil al momento de construir.

Para esta temporada, incluso el cabello humano desechado en las barberías se agota, pues también se utiliza para decorar algunos detalles de los monigotes de Ojojona.

Los monigotes de Ojojona empezaron a elaborarse en los años ochenta en barrio La Pesa.
Detalle de uno de los monigotes del barrio Españita.

Según la complejidad de la forma elegida, los artistas tardan entre un mes y tres meses en terminar una estructura. Hay quienes las hacen de manera individual, en tanto otros trabajan en grupos de tres y cuatro personas.

En este punto, es importante anunciar que los constructores de monigotes cambiaron los criterios para develar las figuras. Así, los monigotes se expondrán a partir de las cuatro de la mañana del lunes 31 de diciembre.

Sin embargo, revista Bucentauro accedió a algunos detalles de dos de los monigotes de Ojojona. Uno se encuentra en barrio Yucanteca; lo construyó el joven Francisco González, sus familiares y amigos. Según sus declaraciones, el sujeto construido contiene unos 2500 lempiras en pólvora y quedó listo al término de tres meses.

Los monigotes de Ojojona se han expandido por todos los barrios del pueblo.
Barrio Yucanteca vuelve después de no haber participado en 2017. Tiene un monigote fornido y con gran presencia. Seguro será de los más observados.

Otro se encuentra en barrio Españita. Tiene detalles bien logrados y se compone de dos objetos. De acuerdo con su creativo, le llevó dos meses construirlo. En el transcurso de los días, publicaremos más fotografías de monigotes. Queda hecha la invitación a visitar esta manifestación artística y cultural comparada solamente con las chimeneas gigantes de Trinidad, Santa Bárbara.


¿Te animás a adivinar qué figuras son las de las imágenes o más aun, adivinar qué monigotes se elaboraron en los barrios? Tus comentarios son bienvenidos.

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