Cuento | Crítica de la razón escheriana
Toqué la puerta, nadie atendió. Pasaron unos minutos y volví a llamar. En mi cabeza ya comenzaba a despotricar contra el reconocido artista por su maleducado destiempo, me importaba un comino su prestigio. Hice otro llamado una tercera y una cuarta vez y nada. Miré mi reloj pulsera, estaba puntual. Impaciente, giré la perilla y…