El análisis mitocrítico del texto literario tiene como objetivo observar el trasfondo mítico que opera el universo específico dentro de una narración literaria, bajo la premisa de que toda obra mantiene, en alguna forma, dimensiones míticas. Este tipo de análisis es un acto interpretativo que logra acercar al lector a la obra misma, a través de una visión crítica mitológica, puesto que las apropiaciones, es decir, las representaciones, dentro de la obra literaria de los mitos “establecen el desarrollo simbolizante de la Literatura” (Lira, 2011).

Es así que, para beneficio semántico y simbólico, un determinado autor se apropia de un mito, sirviéndole de base o “esqueleto” para su obra, pero no necesariamente manifestando una relación concreta o cabalmente similar entre el mito y su obra; es decir que el novelista o cuentista se da la libertad de mantener, quitar o cambiar partes del mito, según lo convenga, con el fin de enriquecer su discurso literario. La obra producida por el autor de origen colombiano Gabriel García Márquez no es la excepción. Es por ello que en el presente artículo se determinan las semejanzas arquetípicas entre la historia del mito de Sísifo [1] y la del coronel Aureliano Buendía, personaje literario perteneciente a la celebrada obra Cien años de soledad.

Entrando de lleno en el análisis, notamos que, en el plano arquetípico, la primera semejanza entre ambos personajes, tanto el mítico como el literario, es la evidente posición de mando y poder. Sísifo es rey de Éfira, posteriormente conocida como Corinto, mientras que Aureliano Buendía ostenta el cargo de coronel, y en un determinado momento, comandante general de las fuerzas revolucionarias. Eventualmente, ambos pierden dicha posición, el primero con su muerte definitiva y el segundo al firmar los tratados de paz con las fuerzas conservadoras (muerte simbólica).

A continuación, la siguiente semejanza estructural se da en un nivel axiológico. Esto es así ya que ambos personajes se rebelan contra el orden preestablecido. En el mito de Sísifo el statu quo es representado por “el dominio de los dioses sobre los mortales” y la inevitable mortalidad de la raza de los hombres; el personaje se rebela en dos ocasiones; en la primera secuestrando a Hades, quien había sido enviado a por el alma de aquél, es así que, con el dios raptado, nadie podía morir, ni siquiera los decapitados, lo cual provocó terrible caos en el mundo.

La segunda vez, a través del engaño a Perséfone, a quien le miente para que lo deje volver a la tierra por un plazo de tiempo. Mientras que, en la historia del personaje creado por García Márquez, el orden preestablecido es representado por las fuerzas conservadoras que rigen el país, ante las cuales el coronel se subleva en múltiples ocasiones –treintaidós en total–, aunque cabe recalcar que el autor no ahonda en dichas rebeliones. El punto anterior se relaciona directamente con el siguiente arquetipo en común entre Sísifo y el coronel, a saber, la rebeldía como medio para un fin.

Con el personaje de la mitología helena, su acción de rebeldía no es gratuita, sino que se orienta hacia una causa o meta, para el caso, evitar su propia muerte, de manera que, a través del acto rebelde, se busca producir un cambio benéfico. En tanto, en el caso de Aureliano Buendía, su acto de rebelión tampoco carece de sentido, sino que se orienta a lograr un fin, el cambio de régimen, de uno de corte conservador a uno de políticas liberales, para lograr una transformación también entendida como “benéfica”.

La burla a la muerte en más de una ocasión es el siguiente elemento similar en ambos personajes. A través del secuestro de Hades, y, posteriormente, del engaño a Perséfone, el rey de Corinto cumple momentáneamente su propósito de evadir a la muerte; en un plano greimasiano, esto se puede interpretar como la conjunción, se insiste en que momentánea, entre el actante sujeto y su objeto, lo cual, como vemos, ocurre en dos momentos de la narración mítica. A su vez, en el libro de García Márquez, se narra que, desde el inicio de la guerra civil hasta la conclusión de la misma, con la capitulación de Neerlandia, el coronel es víctima de múltiples atentados, todos a los cuales sobrevive eventualmente. Se destaca además la evasión de la muerte por fusilamiento, así como también por mano propia.

El siguiente componente arquetípico se relaciona con el previo, ya que para lograr exitosamente la empresa de “burlar a la muerte” por parte de ambos personajes, estos reciben ayuda de un tercero. Después de la liberación de Hades por parte del dios Ares, a Sísifo se le condena al Tártaro, pero nuestro personaje ya tenía preparada otra treta bajo la manga, en su afán de evadir la mortalidad. Antes de ser llevado al inframundo, le habría pedido a su esposa Mérope que no enterrara su cuerpo, encomienda que ella cumple al pie; es así que, Sísifo, con esta excusa, engaña a Pérsefone, esposa de Hades, diciéndole que al no haber recibido actos fúnebres propios, era para él una necesidad imperante regresar al mundo de los vivos y corregir el error, tarea que realizaría en un plazo de tres días, prometiendo devolverse al inframundo al finalizar dicha tarea. La diosa cayó en el engaño, y Sísifo, al volver con los vivos, rehusó cumplir su palabra. Este pasaje es importante por el rol adyuvante de Mérope, pues sin su ayuda, Sísifo no habría logrado su objeto.

En cuanto al caso del personaje del coronel Aureliano Buendía se nos relata con especial énfasis el momento en que a la espera de ser fusilado, el personaje se libra del fatal destino por intercesión armada de su hermano José Arcadio, quien llega al lugar donde se daría la ejecución y, sin resistencia, logra liberar a su hermano, dándose a la fuga inclusive con los miembros del pelotón destinado a ejercer de verdugos, para iniciar otra vez las andanzas revolucionarias, tal como se lee en el capítulo séptimo del libro:

“[En referencia al coronel] Cuando oyó el grito, creyó que era la orden final al pelotón. Abrió los ojos con una curiosidad de escalofrío, esperando encontrarse con la trayectoria incandescente de los proyectiles, pero solo encontró al capitán Roque Carnicero con los brazos en alto, y a José Arcadio atravesando la calle con su escopeta pavorosa lista para disparar. –No haga fuego –le dijo el capitán a José Arcadio–. Usted viene mandado por la Divina Providencia. Allí empezó otra guerra. El capitán Roque Carnicero y sus seis hombres se fueron con el coronel Aureliano Buendía”


García Márquez, 1986, p. 139.

De esta manera, se constata que ambos personajes logran esquivar la fatalidad con la asistencia de un tercero, quien es preciso recalcar, en el lenguaje de la semiótica propuesta por A. J. Greimas, habría de llamarse actante adyuvante.

Así llegamos a la siguiente similitud estructural entre el mito griego y la historia del personaje literario creado por el autor colombiano. Esta se trata del denominado “fracaso en la empresa”. Con Sísifo, es el dios mensajero Hermes quien se encarga de frustrar los planes del rey de Corinto de quedarse en el mundo de los mortales. En tanto que, con el coronel, la narración aclara que absolutamente todos los intentos de sublevación realizados por Aureliano Buendía son frustrados, por lo que el personaje se ve compelido –bien se podría decir obligado por la reflexión del sinsentido de la guerra–, a aceptar los tratados de paz. Esta paz negociada es débil, mantiene el statu quo que el coronel quiso cambiar, por lo que su empresa resulta fallida. Al fallar en sus aspiraciones, ambos personajes son marcados con el signo de la derrota y la falta, lo que nos lleva a la siguiente coincidencia.

Como se dijo previamente, las faltas de ambos personajes conllevan al siguiente arquetipo: el castigo. De todos los elementos demarcados, este resulta ser uno de los más sobresalientes, ya que dicho castigo es representado por una actividad absurdista o carente de sentido. En cuanto al personaje de la mitología griega, los Jueces de los Muertos (Minos, Éaco y Radamantis) lo condenan a realizar la tarea de subir una roca gigante a la cima de una ladera, objetivo que no logra cumplir, pues al estar cerca de realizarlo, el peso de la roca hace que esta se deslice de nuevo a las faldas de la pendiente, obligándolo a recomenzar la tarea una y otra vez hasta el fin de los tiempos.

En tanto que con respecto del personaje de Aureliano Buendía, al fracasar en su rebelión contra el orden y obligarse a firmar el armisticio, el militar se devuelve a su natal Macondo, donde por propia voluntad decide recluirse en su taller de orfebrería y comenzar a realizar pececillos de oro, en un principio, los comercializa (aunque no precisamente con fin de lucrarse, sino para conseguir más materia prima para seguir en su tarea), pero al darse cuenta de que la gente solamente los compra como “reliquias de valor histórico”, por ser manufacturas del “famoso coronel”, decide recluirse aún más, y ya no vendiéndolos, se dedica a fabricarlos para, una vez terminados, fundirlos de nuevo y reiniciar la tarea absurda una y otra vez; de esta manera, se hace una relación de semejanza entre el castigo del personaje mítico y la actividad de Aureliano Buendía, llegándose a considerar como una labor de tiempo circular, de reiterativa actividad a lo Sísifo [2].

Ahora bien, es importante demarcar que al coronel, a diferencia de Sísifo, no son entes externos quienes le imponen el castigo, sino que, en actitud alienada, es el propio personaje quien, sabiéndose derrotado, reconociendo que sus rebeliones eran instigadas solamente por el vacío interno, la incapacidad de amar y por la soledad –tanto así, que inclusive en un determinado momento él se reconoce a sí mismo como “un artesano sin recuerdos, cuyo único sueño era morirse de cansancio en el olvido y la miseria de sus pescadillos de oro” (García Márquez, 1986, p. 226)–, en un acto de ensimismamiento, se impone el castigo, la repetitiva tarea [3].

El último paralelismo entre ambos personajes es el que tiene que ver con la prevalencia del orden establecido. El coronel Aureliano Buendía igual que Sísifo fracasa en su intento de imponerse al orden. El primero pese a la multitud de veces que se rebeló contra el régimen conservador, y el segundo pese a haber logrado burlar la voluntad de dos divinidades.

Con todos los ejemplos anteriores, es posible afirmar que hay una determinada apropiación del mito de Sísifo por parte del escritor colombiano Gabriel García Márquez, para el desarrollo del personaje conocido como Aureliano Buendía. Esta apropiación nos demuestra a su vez que, tal como dice Mircéa Éliade, “el mito es, en cierto modo, el modelo de cualquier relato” (citado en: Gutiérrez, 2012, p. 182). Ya sea a un nivel consciente o inconsciente, García Márquez da vida a sus personajes literarios (en plural, pues debe recalcarse la semejanza entre el personaje mítico Penélope y el episodio de la “mortaja de Amaranta”, mismo que por motivos de espacio no se profundiza en el presente), a partir de modelos míticos previos, los cuales enriquece con su estilo hasta concederles un carácter propio y alzarlos como modelos literarios dignos e inolvidables, de tal manera que podríamos atrevernos a afirmar que esta particular característica es uno de los principales motivos que hacen de la obra del colombiano un producto artístico literario entrañable.

Notas al pie:

[1] Para fines de viabilidad del presente análisis, se hizo uso de la versión del mito de Sísifo publicada por el experto Robert Graves, cuya obra se referencia en el apartado bibliográfico.

[2] La cita original pertenece a un autor no determinado, cuyo artículo se titula “El Coronel Aureliano Buendía”, publicado en línea por el diario El Heraldo (Colombia) y debidamente referenciado en el espacio bibliográfico.

[3] En un artículo titulado “Elementos míticos en García Márquez, Sábato y Neruda”, de la académica Berta Lucía Estrada, se hace mención del “vicio de hacer para deshacer” por parte de la familia Buendía, lo cual, se nos dice, a su vez “perpetua el mito de Penélope”, pues se recordará que ella, en su espera al arribo de su esposo, Odiseo, teje y desteje una mortaja para su padre, con el fin de evitar contraer nuevas nupcias; la autora ejemplifica este “vicio” de perpetuar el mito de Penélope con la actividad realizada por el Coronel Aureliano Buendía, sin embargo, nos parece que una mejor ejemplificación de dicha semejanza sería el relacionarla con la actividad llevada a cabo por el personaje correspondiente a Amaranta Buendía, quien teje y desteje su propia mortaja.

Lista de referencias

“El Coronel Aureliano Buendía”. (2015, 19 de abril). Recuperado de: https://elheraldo.co/…/el-coronel-aureliano-buendia-191914

García Márquez, G. (1986). Cien años de soledad. Editorial Diana. México.

Graves, R. (1985). Los mitos griegos I (Luis Echávarri, trad.). Alianza Editorial. Madrid, España.

Gutiérrez, F., (2012) “La mitocrítica de Gilbert Durand: teoría fundadora y recorridos metodológicos”. Thélème, Vol. 27, 175-189.

Lira, S. (2011, 9 de octubre). El método mitocrítico. Edición 24. Recuperado de: http://www.revistacronopio.com/?p=6340

Redactado por: Víctor Alexander Matute, en colaboración con Xalli Sánchez.

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