Carmen Margarita Matute Monzón es una poeta de origen guatemalteco, nacida en 1944 y titulada en la carrera de Lengua y Literatura Hispanoamericana por la Universidad de San Carlos de Guatemala. A nivel profesional, ha ejercido como periodista, funcionaria y gestora cultural en diferentes países, llegando a ser subdirectora de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala, así como columnista para diversos medios impresos como El Gráfico, El Imparcial, Siglo XXI y La Hora; además, es miembro de la Academia Guatemalteca de la Lengua y, por consiguiente, de la Real Academia Española.

La autora destacó como miembro del extinto Grupo Editorial RIN-78, con el cual se crearon ‘colecciones’ literarias de distinta índole y se fundó la editorial Palo de Hormigo. Su obra literaria ha abarcado distintos géneros, desde narrativa larga (Casa de piedra y sueño, 1997), cuento (Muñeca mala, 2008), hasta poesía, dentro de la que destacan sus obras Círculo vulnerable (1981), Poeta solo (1986), Los designios de Eros (1994) y Abalorios y Espejismos (antología, 1997).

Su amplia y lúcida trayectoria artística le ha valido traducciones al inglés, francés, sueco e italiano. Además, ha representado a su país en diversos certámenes y recibido innumerables galardones, entre los que se cuentan la Medalla de la Orden Vicenta Laparra de la Cerca (2007), el premio en la rama de cuento en los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango (2006) y el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias (2015), este último entregado bajo la premisa siguiente:

“… tomando en consideración su fidelidad y compromiso con el oficio poético, derivados de un seguro manejo del lenguaje, sin pretender entrar en competencia con modas al uso, ya que lo que resalta a lo largo de sus libros es el ponderar, a través de su obra, hechos y realidades de las que ha sido protagonista o testigo” (Prensa Libre, 2015).

En la obra poética de Carmen Matute destaca una temática profundamente intimista, que va desde un existencialismo vitalista, la soledad, la muerte, la angustia, el patriotismo, la injusticia, hasta el amor, la pasión y sobre todo el erotismo. Pero, ¿cómo se refleja este último tópico dentro de la obra de nuestra autora? Para responder esta pregunta anterior, hemos tomado algunos textos poéticos reunidos en la compilación Abalorios y Espejismos (Matute, 1997) y algunos otros poemas de fuentes externas a la obra mencionada, pero cuyo estilo nos podría ayudar a comprender el tratamiento erótico dentro de la poesía de Matute Monzón.

El primer poema que nos acerca a la visión erótica en la obra de nuestra autora se titula “Presencia”; en él, el yo-poético reconoce la figura de un “otro” masculino, con el cual se complementa, pero sin ofrecerle un tratamiento idealista, sino más bien humano e igualitario (vv. 1-3, “Aquí estoy, / frente a ti, hermano, /, toda florecida…”; vv. 18-19, “tan sólo / eres un hombre”). Destaca en este texto también la alusión a lo carnal (vv. 10-12, “agarrándome los pechos / llenos de afrentas/ y de leche”; vv. 13-16, “De carne / son las manos / que desnudan / mi sombra amarga”), que desviste de idealismo la visión erótica del acto sexual y que se puebla de epítetos con una carga semántica negativa (“pechos llenos de afrentas”; “mi sombra amarga”), en los que parece percibirse una denuncia social, pues la figura femenina se reconoce vilipendiada, por lo que se podría hablar de un ‘erotismo militante’.

En “Inventando el amor”, la poeta refuerza la idea de complementariedad hombre-mujer antes descrita, pues ambos escenifican la invención del amor (vv. 1-3, “Inventando el amor / de nuevo/, una mujer y un hombre.”; vv. 12-13 “Un hombre y una mujer / cruzando océanos escondidos”). Si bien el texto no alude directamente al acto sexual, al referir al amor y describir su construcción (vv. 5-9, “Para ser almendro, hoja / flecha, luz. Persiguiendo en silencio / pájaros y flores, / sangre en gotas”; vv. 13-15, “cruzando océanos escondidos / en túneles rosados, / como peces ciegos”), se puede interpretar por cercanía semiótica la idea de dicho acto, pues no se debe olvidar que, en palabras de la propia autora, “Debe existir una combinación [entre la relación física y la conexión espiritual] para formar el erotismo. [Ya que] Es la parte noble de la intimidad” (Elías, 2015).

Por otro lado, en el poema “Amante”, se expresa una visión conforme a la idea tradicional del amante, figura entendida como aquella persona capaz de proveer un ‘desahogo’ carnal [1], que, en tanto ello, logra satisfacer no solo necesidades biológicas primarias, sino también emocionales y espirituales (vv. 1-3, “Un amante eres / para buscar el olvido / de mí misma”; vv. 6-10, “Un amante exacto eres / a las caricias de mis manos / a mi oculta hora, / al grito de mi carne sin fin, / y mi alma interminable”).

No obstante esto, se conserva la visión tradicional, pues se reconoce el ‘pecado’ de tentar contra la moral prestablecida al cometer el adulterio (vv. 11-16, “Eso eres, amante: / sacrílego abismo, / cilicio ardiente, / doblemente mío / en el misterio / de tus besos y tus zarzas”). Ante ello, llama la atención que nuestra autora reconoce la figura de la infidelidad como perfectamente ‘encajable’ en tanto acto erótico e inclusive emocional, pese a convenir junto a la visión tradicional el ‘pecado’ de llevarlo a la concreción.

Carrera nos dice que nuestra poetisa “utiliza lo simbólico en lenguaje metafórico que desafía el pecado de la carne y el castigo correspondiente, de acuerdo a las religiones patriarcales” (Carrera, 2002), por lo que si bien toma de inspiración el mito judeocristiano, utilizarlo en función del erotismo poético que construye a través de su texto se vuelve una actividad casi contestataria, pues nombra y visibiliza una sexualidad no reprimida que destruye la cosmovisión “virginal” y “sumisa” de la figura femenina impuesta.

Es importante mencionar en este apartado que la autora toma también una posición más o menos tradicionalista al criticar el hedonismo. En “Carta al amante”, por ejemplo, aunque el ser-amado se constituye como figura erótica y vitalista (v. 1, “recorrer tu piel a pedacitos”; v. 7, “sumergida en un orgasmo inacabable”; vv. 16-20, “nuestro amor crecía. / Nuestro amor, que ha sido / un diálogo de años. / Un amarnos a besos, / a golpes a mordiscos.”), se torna también motor de ostracismo de la consciencia (vv. 1-7, “Por recorrer tu piel a pedacitos / olvidé la piel agrietada / de la patria, / dejé de andar por sus caminos, / no llegué hasta sus aldeas, / ignoré el hombre y la violencia / sumergida en un orgasmo inacabable”), por lo que se logra una lúcida crítica al pensamiento egotista y epicureísta (vv. 7-12, “Así me fui volviendo caracol. / Me fui volviendo tortuga, / oculta en las profundidades de su casa. / Vivía inútil, cantando / como la cigarra de la fábula”).

Esto continúa el pensamiento de que su lirismo femenino “por momentos, es -más que desmitificador- tradicional, sólo (sic) que enmascarado por ciertos audaces recursos” (Frigerio, 2018), así como también la idea antes descrita de que, en su poesía, Matute Monzón fusiona lo erótico con lo que se podría comprender como compromiso social y patriótico, con un matiz feminista, pues no se debe olvidar que la autora es más o menos contemporánea a Ana M. Rodas, Gioconda Belli o Daisy Zamora, que utilizaron la pluma para reivindicar incisivamente la lucha política, a la vez que abordaban el erotismo.

En “Amado”, por otra parte, la relación con la persona amada es completamente carnal (vv. 9-13, “y me así / a tus riñones / y testículos, / a tus orejas / y tu lengua”); el amado es también la personificación del peligro y la embriaguez (vv. 15-16, “bebí con gratitud / láudano [2]  en tu boca”), y las hipérboles están a la orden del día para realzar lo meramente físico del acto sexual (vv. 17-20, “y me detuve / por siglos en tu sexo: / lo exploré / con soles diminutos”), deshaciéndose de la “mistificación” de su deseo sexual, pues, como se ha dicho anteriormente, no cabe más la idea puritana de la “mujer pudorosa”, que reprime su sexualidad.

De este escrito, llama especialmente la atención la cualidad de “ser deseado” y “pasivo” del amante, que se contrapone con la visión de “amado-complemento” en poemas como “Presencia” e “Inventando el amor”; este elemento, además, deconstruye la figura estereotipada de la mujer como ser-pasivo y al varón como ser-activo en relación al acto sexual.

En tanto, en el poema “Magia erótica”, el ser-amado-varón y el ser-amante-mujer son disueltos por unas figuras menos determinadas, cuyo rol, pasivo o activo, se neutraliza. En el texto, la poeta nos describe un éxtasis dionisíaco que bien fácil podría interpretarse como el orgasmo (vv. 1-2 “Me disuelvo / en la magia”; vv. 11-13, “Un tambor anuncia / tu pulso / tu oscuro río”); destaca también la primacía del sentido auditivo (vv. 6-10 “oigo / el suave ruido / de la brasa encendida / el lenguaje húmedo / anclado en la boca”; v. 11, “Un tambor anuncia…”), declarando la innecesaridad de los ojos para “mirarse” (vv. 14-16 “Cerrados los ojos / te miro / me miro”), pues, a través del gemido, es posible conectar con el ser amado. De esta manera, se refleja una visión más o menos idealista, donde la ejecución del acto erótico es también la concreción de una conexión espiritual entre los amantes, idea que la propia autora defiende en la entrevista citada algunos párrafos más arriba.

Por otra parte, en el poema “Punto G” la voz poética pierde su identidad, pues desaparece de la escena para dar lugar a una serie de alusiones en donde el punto g se vuelve centro de atención en su cualidad de catalizador del orgasmo, al cual se alude. Llama la atención la asimilación del orgasmo a elementos con una connotación por lo general no positiva (v. 1, “Un desangrarse lento”; v. 5, “Un ciego encadenarse”; vv. 12-14, “Un desangrarse / un encadenarse / un agonizar feroz”), lo que nos recuerda las palabras de Aida Toledo, quien nos afirma que la obra de Matute Monzón “toca el tema erótico y lo lleva a una dimensión en la que lo vincula con la muerte, asumiendo un escepticismo con respecto al amor” (Cajal Flores, 2020), cualidad literaria que no es sino una profunda dualidad y sincretismo entre la pulsión de Eros y Thánatos[1] y que vertebra la mayoría de la obra de la poetisa en cuestión.

Esto último, además, se refuerza con la utilización de paradojas (v. 3, “pérfida belleza”; v. 9-11, “demonio / cómplice de un ángel / goloso y triste”; vv. 17-20, “cerrados los labios y los ojos / pero abierta / extraviada / florecida”). Finalmente, cabe resaltar que, en un nivel morfosintáctico, en este texto en particular, se prescinde de verbos, verboides o gerundios, pues se prioriza el epíteto y la enumeración para referir directamente el momento de éxtasis, donde se disuelve el ser (la persona o sujeto oracional, quien en un sentido pragmático realiza acciones) y se es solo experiencia, vida y muerte a la vez.

Con respecto de este último recurso morfosintáctico, en el poema “Verbos”, nuestra autora realiza exactamente lo opuesto, utiliza una serie de doce verbos, divididos en tres estrofas con un ritmo in crescendo, donde la acción se da en función del yo-poético, lo que se representa a través del pronombre personal átono “me” (vv. 1-12, “me sumerjo / me extiendo / me enredo // me marcas / me incendias / me desatas / me acometes / me conduces / me habitas // te hundes / te derramas / te bebo”). En él, nuevamente se hace alusión al acto sexual como tal, que desemboca en agudo éxtasis a través de la eyaculación del tu-poético (vv. 11-12, “te derramas / te bebo”), y por consiguiente, logrando el orgasmo.

En “Yo admiraba tus manos”, nuevamente la figura del ser-amado/ser-amante diluye su trascendencia, pues prima una manía erótica representada a través del objeto fetiche en que se transforman las manos del tu-poético (vv. 1-6, “Yo miraba tus manos / e inventaba historias / de aleteos / sobre mis pechos, / de roces suavísimos / entre mis muslos.”); este objeto fetiche se erotiza a tal nivel que se vuelve talismán del deseo, mediante el cual se logra el ansiado éxtasis sexual (vv. 16-21, “Encabritado / mi deseo se enredaba / entre tus dedos / mientras un mar tibio / me bañaba / en un amanecer sin viento”).

Finalmente, en “A la manera de Eva”, mediante el uso de la intertextualidad explícita, con alusiones bíblicas de naturaleza profundamente alegórica, la figura del pecado original se deconstruye, pues en esta, la voz-poética, que encarna a la primera mujer según el mito judeocristiano, se empodera de sí (vv. 12-16, “Hoy / todos los caminos / me llevan a tu cuerpo, / a los arcángeles que pueblan / los confines de tu carne”).

Matute Monzón reconoce el pecado original en su concepción tradicional, pero lo utiliza solamente en función de vertebrar una visión erótica empoderada de Eva, quien se vuelve actante principal y ser ‘lleno de voluntad’, que compele a Adán a cometer la ‘falta’ (vv. 9-11, “la fiebre del vicio, / traigo esta noche entre los dientes, / Adán”; vv. 21-23, “Esta noche / se agolpa en mi boca / la luz de la manzana”). De esta manera, se conjugan lo divino y lo profano y se da una vuelta de tuerca a la concepción del mito fundacional de la tradición abrahámica, no solamente reconstruyendo la visión de la mujer, sino haciéndolo a través del elemento erótico, considerado sacrílego según el velo dogmático.

Esta concepción se corresponde con la idea de que la poesía de Matute Monzón “derriba hipócritas ídolos de barro. (…) Es Eva que se yergue ante Adán. Es el sueño que culmina en el deseo, más allá de la muerte, más acá de la vida, inmersa en el fragor de la diosa Afrodita” (Carrera, 2002), por lo que podríamos estar ante lo que se puede denominar como un cierto “afroditismo”, entendido como la acción de empoderamiento femenino a través de la liberación sexual, reconociendo a la mujer como ser-deseado-deseante, activo y actante.

Recapitulando, y a manera de conclusión, no parece sensato hablar de la obra de Carmen Matute en términos absolutos, pues esta es multifacética y aluvial. Pese a ello, sí es posible reconocer ciertos elementos que son constantes, por ejemplo, el erotismo. Dentro del erotismo, a su vez, se engloban muy diversas visiones, desde uno de corte directo, que no da cabida al tabú, pero tampoco cae en lo pornográfico, pues poetiza temas como el fetichismo, la eyaculación, el adulterio, etc., hasta un cierto erotismo existencial, que vincula la pulsión erótica y la pulsión de la muerte.

No restándole importancia a las anteriores visiones del Eros que nos presenta nuestra autora, es importante destacar el denominado erotismo militante, contestatario y de compromiso social, que denuncia o critica, por ejemplo, el ostracismo de la consciencia y el hedonismo, desmitificando el amor idealista, aunque sin necesariamente contrariarlo, deconstruyendo roles de género y dando lugar a un determinado afroditismo, es decir, el empoderamiento de la figura femenina. Todo ello, en tanto que se mantiene un lenguaje poético limpio, estilísticamente depurado de rimbombancia, características que ponen de manifiesto la calidad literaria de la obra de la poetisa Carmen Matute y por las cuales se reconoce la importancia de apreciarla y estudiarla.

NOTAS AL PIE

[1] Tómese en cuenta el lugar que ocupa el sexo en la pirámide de necesidades según A. Maslow.

[2] El láudano es un brebaje cuya preparación se lleva a cabo a base de opio.

[3] En la teoría freudiana, Eros es vitalidad, dinamismo, búsqueda de placer y supervivencia; en tanto, Thánatos es el deseo inconsciente de volver al no-ser, disolver la vida o regresar a lo inorgánico, es decir, morir. 

LISTA DE REFERENCIAS

Cajal Flores, A. (22 de Julio de 2020). Carmen Matute: biografía, obra y reconocimientos. Obtenido de Lifeder: https://www.lifeder.com/carmen-matute/

Carrera, M. (08 de Noviembre de 2002). Revelaciones: «En el filo del gozo». Obtenido de Prensa Libre: https://www.prensalibre.com/vida/revelacionesbren-filo-gozo_0_59395143/

Elías, Á. (28 de Septiembre de 2015). Carmen Matute: «La poesía me inunda y me apasiona». Obtenido de Prensa Libre: https://www.prensalibre.com/vida/escenario/la-poesia-me-inunda-y-me-apasiona/

Frigerio, F. C. (2018). Contribuciones femeninas a la poesía guatemalteca: el siglo veinte. Repertorio Americano, 133-157. Obtenido de Repertorio Americano.

Matute, C. (1997). Abalorios y espejismos. Guatemala, Guatemala: Librerías Artemis Edinter.

Prensa Libre. (24 de Septiembre de 2015). La escritora Carmen Matute gana el Premio Nacional de Literatura. Obtenido de Prensa Libre: https://www.prensalibre.com/vida/escenario/carmen-matute-gana-el-premio-nacional-de-literatura/


[1] En la teoría freudiana, Eros es vitalidad, dinamismo, búsqueda de placer y supervivencia; en tanto, Thánatos es el deseo inconsciente de volver al no-ser, disolver la vida o regresar a lo inorgánico, es decir, morir. 

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