El escritor hondureño Edgardo Molina reaparece con más microrrelatos. Esta vez, bajo el sugerente título de «Formas efímeras». Tras publicar su ópera prima, «La mitad de mi cerebro», el narrador decidió preparar un nuevo cuerpo narrativo.

A sabiendas de este acontecimiento literario, Bucentauro decidió indagar al autor y su reciente obra. En la entrevista a continuación, Molina profundiza en aspectos como su proceso creativo y sus estados vitales a la hora de escribir.

Es preciso anunciar que la presentación del libro se realizó en el Auditorio Albert Einstein de la UNAH el miércoles 26 de septiembre.

Entrevista con Edgardo Molina sobre Formas efímeras

Ariel Amador: ¿Por qué el título de este libro?

Edgardo Molina: El título del libro hace referencia a un cuento de la obra que narra mi ritual de escritura, a la forma en que los personajes se presentan y me piden ser escritos para luego marcharse.

AA: ¿Qué lo diferencia de tu primera obra, La mitad de mi cerebro?

EM: La mitad de mi cerebro fue un libro fuerte, con carnadura humana, agresivo y salvaje como un lobo que debe morir siempre libre. En cambio, Formas efímeras está hilvanado con más delicadeza, con el mismo estilo, pero con mayor madurez. Esta vez el lobo se volvió más astuto y voraz como un alcaudón.

AA: ¿Por qué el microrrelato y no otra forma de narración?

EM: El microrrelato para mí es un aparato tecnológico. En los tiempos en que la vida se ve a través de una pantalla de celular, se necesita la brevedad. Sin embargo, también la profundidad. El microrrelato para mí es como un relámpago o un trueno: breve, anormal, pero poderoso. Puede partir como al cielo la imaginación.

AA: ¿De dónde surge el relato «Tragedia»?

EM: En mis años de estudio, junto a mis amigos Ariel Amador y Yonny Rodríguez —ambos poetas— leíamos nuestros primeros atisbos literarios y yo siempre le reclamaba a Ariel por tener que matar a sus personajes. Siempre le dije que un día de estos le iban a salir de las historias e iban a estar muy molestos por darles el mismo final. Siempre he creído que los personajes viven, son un mundo posible. Y el escritor es el director de la obra, ellos son los actores.

¿Cómo influye la realidad nacional en tu obra?

La realidad es la base de toda obra literaria. Temas como la violencia, la migración, la pobreza, el amor, el feminismo, el travestismo y la fealdad son temas que vivimos a diario. Me debo a mi nación. Y claro, se debe ser sutil, sino la obra se vuelve panfleto.

AA: «Octavo día» es un relato que refleja cierto misticismo, ¿cómo ves vos el mundo espiritual y en qué creés que se refleja en tu obra?

EM: Pretendo que mi obra sea muy espiritual. Soy budista. Creo en el karma y en la reencarnación. Sencillamente, los cuerpos no tienen un espíritu; son los espíritus quienes tienen un cuerpo. Ese cúmulo de vidas pasadas nos brindan una realidad, un sentido para seguir fluyendo a otras formas.

AA: ¿Hay elementos autobiográficos en tu obra? ¿Podrías mencionarnos algunos?

EM: Procuro que la mayoría de las historias sean reales. A veces me incluyo. Por ejemplo, el relato «No le cuenten a mi esposa» es la historia de mi primer beso y cómo vi la literatura como un medio para demostrar amor y ser amado. De igual forma, el cuento «Formas efímeras» es literalmente mi ritual de escritura. Una noche se lo conté a mi esposa y ella me dijo que lo escribiera. Yo no creí que a alguien le importaría, pero al parecer es una de las mejores historias. Incluso, el doctor Nery Gaytán, la crítica literaria Helen Umaña y mi editora Allison Cartagena se detienen en este particular y les gusta mucho. Agradezco a mi esposa por la guía y espero que a mis lectores les guste.

AA: ¿Cómo es que lográs enlazar los elementos fantásticos de tu obra con los elementos cotidianos?

EM: Siempre me ha preocupado la filosofía, en especial, llevarla de manera amigable a los lectores. Cotidianizar es mi forma de fundir palabra y acción. El arte debe vivirse, de tal manera que nunca he podido encontrar la frontera entre fantasía y realidad. Simplemente, son piezas de Lego que componen la realidad.

AA: En algunos de tus personajes se percibe enfermedad, más específicamente, enfermedades mentales, ¿cómo o qué es la locura para vos?

EM: Bueno, la locura es hacer de la vida una ruleta rusa o un acto de equilibrismo. Es amar sin límite, romper con las normas sociales, tener un amigo imaginario. La locura es pensar que este es el último día de la humanidad y que debemos sacar el sombrero del conejo, como un mago al revés; aplaudir al mundo por su acto, tener la capacidad de distorsionar con la mente la realidad, creer en la distorsión y vivir ahí. A partir de ese principio nace el arte de la locura que es muy parecida al ingenio.

AA: «Motivos y razones» es probablemente uno de los relatos donde más se ve este conflicto entre creer en Dios y la miseria del mundo, ¿cómo surgió en tu obra esta crítica a la religión?

EM: La religión ha destruido más de lo que ha construido. Creo en Dios, lo veo en las buenas acciones de las personas, pero si allá arriba hay un señor en sandalias, no lo sé. Falta en el mundo locura, poder destruir la tradición. Dejar de pensar en la eternidad como respuesta a los grandes problemas de la vida, la eternidad no es una medida humana. Únicamente tenemos el presente y debemos combatir al mal, no con grandes poderes, sino con pequeños actos de gentileza cotidiana.

AA: ¿Qué aconsejarías al lector al momento de leer tu obra?

EM: Aconsejo que lean sin prejuicios. Quiero que sepan que todos podemos escribir y que una parte de mí está en la obra. Aconsejo fundamentalmente que piensen detenidamente «qué quiso decir este loco». Nada más.

Breviario vital

EDGARDO MOLINA. Nacido en Tegucigalpa, Honduras. Licenciado en Letras con orientación en Literatura por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Miembro fundador de los colectivos artísticos Xoxonal y Apolión. Participó en el Congreso de Literatura y Lingüística de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) realizado en 2015 en Granada. En 2017, publicó su primer libro «La mitad de cerebro». Además, facilitó el taller de poesía «La estirpe de Juan Ramón Molina» en la UNAH. Ha participado en diversos conversatorios y ferias de libros. Asimismo, sus cuentos han sido publicados en diarios digitales en impresos. Actualmente labora en el área social.

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