El Bibliobús, o biblioteca móvil, es una excelente herramienta que acerca a niños y jóvenes a la magia de la lectura. El servicio fue lanzado en 2005 a instancias de la UNESCO y antes del golpe de Estado atendía a más de 8200 usuarios en el país.

Durante el régimen de facto de Roberto Micheletti se efectuaron despidos ilegales de personal técnico de la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes (SCAD). Con la destitución de la Directora General del Libro y la Directora de la Hemeroteca Nacional se interrumpieron varios proyectos culturales como el bibliobús, la capacitación de bibliotecarios y la compra de libros para las bibliotecas públicas.

En declaraciones a la prensa internacional, la ministra de Cultura, Myrna Castro, señaló que las 136 bibliotecas públicas que integraban la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, dependencia de la Dirección General del Libro y el Documento, habían sido financiadas con fondos del ALBA y que eran foco de diseminación del pensamiento socialista o comunista.

Diversos actores del sector editorial y cultural hondureño coinciden en que a partir de 2009 se perdió el fomento y promoción del libro y la lectura. Agregan que en la década pasada éstos se encontraban en el más grosero de los olvidos. En el plan de gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2010-2014) se contemplaba el sector de Cultura. En cuanto a la lectura, el objetivo fue ampliar la red nacional de bibliotecas públicas, bibliobuses y cajas viajeras. Pero a mediados de 2012 aún no se conseguía el nuevo bibliobús y la unidad existente permanecía en condiciones deplorables en la alcaldía capitalina.

En abril de 2013, el Congreso Nacional expidió la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, cuyos objetivos son: propiciar la generación de políticas, programas, proyectos y acciones dirigidas al fomento y promoción de la lectura; fomentar y estimular la edición, distribución y comercialización del libro y publicaciones periódicas; fomentar y apoyar el establecimiento y desarrollo de librerías, bibliotecas y otros espacios públicos y privados para la lectura y difusión del libro, entre otros (La Gaceta, No. 33,106: 2013).

No obstante, la ley pasó desapercibida y no logró la publicidad e impacto deseados. En la misma línea, también cerraron varias librerías históricas del centro de la capital, como la Soto y Cervantes. Para colmo, ese mismo año, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ubicó a Honduras entre los países menos leídos.

Hacia 2014, se daba por sentado que el proyecto ya no existía. Aunque en su Informe Anual de Resultados de 2019, la Dirección de Cultura constató que realizó 49 campañas de fomento a la lectura con el bibliobús en localidades como Güinope y Danlí, El Paraíso; Tatumbla, Santa Lucía y Santa Ana, Francisco Morazán y en varios centros educativos de Comayagüela y Tegucigalpa. En estos lugares el número de niños y niñas beneficiarios ascendió a 821 (DECAD, 2019).

Así, el programa del bibliobús ha sufrido una intermitencia prolongada desde su creación. Durante su primer período (2005-2009) experimentó su apogeo, atendiendo a más de ocho mil usuarios. Con la incursión de los gobiernos nacionalistas, el proyecto entró en una relativa decadencia, con débiles intentos de mantenerlo activo. Hoy, las unidades permanecen inactivas en un garaje contiguo a la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH).

Bus donado por la UNESCO en 2005.

El nuevo gobierno

Según el exdirector Eduardo Bahr, hay que poner de nuevo en funcionamiento la Red de Bibliotecas Públicas Municipales. Agrega que una nueva estrategia echaría a andar también el bibliobús. Según el nuevo director de la Biblioteca Nacional Juan Ramón Molina (BINAH), Pedro Zelaya, bajo su administración se gestionarán donaciones para el bibliobús. Adelantó además que ya cuentan con una estrategia para el rescate del proyecto:

La directora del Libro y el Documento me ha expresado que está en toda la disponibilidad de arreglar el bibliobús, pero es que el Gobierno anterior no apoyó ninguna de estas actividades para fortalecer la lectura en las Casas de la Cultura.

Pedro Zelaya, director BINAH

Si el gobierno decida retomar el proyecto del bibliobús, será necesario revisar los aciertos y desaciertos acometidos a lo largo de 17 años. Por ahora es prioridad capacitar el personal, fortalecer la lectura en las Casas de la Cultura y reactivar la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Salvador Madrid, especialista en fomento de la lectura, aconseja elegir apropiadamente el catálogo del bibliobús, estudiar con antelación las comunidades a visitar y sugiere también incluir elementos para fomentar la lectura, como títeres, mimos y teatro de pequeño formato. Debe tenerse en cuenta —añade— el sentido pedagógico de la lectura, en el entendido de que «el bibliobús no debe ser un cargamento de lecturas duras o académicas. Más bien debe ser una experiencia lectora gentil y atractiva que eduque recreando».

En definitiva, existe una aparente voluntad de reactivar el programa del bibliobús en el nuevo gobierno. El proyecto tiene la ventaja de que su mejor momento fue cuando gobernaba Manuel Zelaya Rosales, esposo de la actual presidenta de la República.


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